Aún a riesgo de que me tachen de derechón por posicionarme próximo a la postura del PP en el asunto ETA y el proceso que se ha iniciado, tengo que afirmar que lo que está haciendo el PSOE tiene a mi parecer consecuencias negativas muy importantes. Indicar antes, que esto del riesgo de que te marquen a fuego por tener una u otra postura lo indico porque en este país, a pesar de este Sol tan maravillosos que tenemos que produce un sin fin de brillos y colores, resulta paradójico comprobar cómo existe una tendencia enfermiza a que las cosas sean negras o blancas, a que o eres del PP o del PSOE, o de Fernando Alonso o de Kimi, y, además, si eres de uno, lo eres para toda la vida. No importan los programas, las ideas, el tema concreto de que se trate, como te pillen a la derecha, cuídate de no pasarte en otros temas al otro lado, pues te tacharán, en el mejor de los casos, de oportunista.
Volviendo al tema, afirmo que la situación en la que podemos quedar por la apuesta que está haciendo el PSOE de tomar como interlocutor válido de la banda terrorista a un partido ilegal, es muy delicada. Hablo, claro está, de Batasuna. El motivo de tal afirmación es que estoy convencido de que los principios y las reglas establecidas deben cumplirse siempre, incluso cuando existan razones como las que nos ocupan que puedan llevarnos a pensar lo contrario. El ser humano, por su propia naturaleza e instinto de supervivencia, tiende a aprovechar las circunstancias, a sacar partido de las debilidades del contrincante, y no siempre en ese empeño cuida que no queden menoscabados los intereses del otro. Ese buscar el beneficio propio, por encima del colectivo, debe estar regulado, porque de lo contrario estaríamos constantemente en conflicto. A su vez, la propia regulación, las leyes y normas de referencia para un momento y hecho concreto, generan conflictos, primero porque no son perfectas, pues están hechas, son aplicadas e interpretadas por seres de carne y hueso, y en segundo lugar, porque es imposible abarcar y contemplar en ellas todas las circunstancias y realidades complejas de la convivencia. Sin embargo, sin ellas, a falta de otra sociedad que no es la que me ha tocado, sólo veo caos.
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Sé que no descubro nada y que puede parecer una obviedad, pero a veces tengo la sensación de que se olvida, sobre todo cuando somos nosotros o nuestro círculo de contactos los protagonistas de una de estas circunstancias fatales. Cuando algo nos afecta nos cuesta ser neutrales, perdemos objetividad. En esos casos, enfrentados a quien ha de aplicar la norma, medio sonreímos y suavizamos el rostro, pretendiendo con ello dar a entender que queremos iniciar una negociación amigable. Exigimos, pero lo camuflamos con esas medias sonrisas, que nuestro interlocutor contemple todas las variables, que no aplique a raja tabla la norma, atendiendo, ahora sí, a su calidad humana. Sin embargo, cuando somos observadores nos encanta afirmar, y se nos llena la boca con ello, “que lo que es blanco, es blanco, y lo que es negro, negro”, y exigimos que el juez-robot aplique la norma y se deje de interpretaciones y pamplinas.
Este comportamiento se produce con demasiada frecuencia y no debería ser así. Hay personas que encajan bien estas circunstancias, y notas cómo, más allá de las aparentes mañas que aplica para hacerse entender, para que te pongas en su situación, en el fondo es consciente de que lo que pretende no cabe en la norma. Sin embargo, existe otro tipo de personas que se ciegan en sus fines y les importa un carajo los medios y lo que diga la norma. Utilizan inicialmente las mismas mañas gestuales de engatusamiento, pero en el fondo te están desafiando, te intentan acorralar. No se conforman con que te pongas en su situación, con que les entiendas, quieren que aceptes que su realidad es la verdad absoluta y que por ella merece la pena pasar de las reglas. Si no lo haces, cambian de postura y entran en el ataque, en la confrontación, buscan tus puntos débiles y, si los encuentra, se tiran a matar. Contra estos no hay mejor arma que la rigurosidad y la fuerza moral de saber que actúas bajo criterios objetivos, máxime si eres consciente de que la norma que aplicas no es del todo correcta, pero sabiendo que mientras no haya otra, es la de referencia.
Los hechos son muy claros. Batasuna es actualmente el “razo político”de ETA, es decir, lo más cercano que tiene ETA para llegar a la sociedad vasca y a los gobiernos vasco y central. Pero Batasuna juega claramente en los dos bandos a la vez. Precisamente, por ese motivo, entre otros (no condena de los asesinatos, de las extorsiones, etc.) fue ilegalizada en marzo de 2003 por el Tribunal Supremo. No se puede gritar que el sistema es una mierda enarbolando con una mano la bandera de los derechos del pueblo vasco, y estar a la vez con el otro barzo extendido para recoger los dineros y beneficios que el propio sistema legalmente te asigna. Esa situación, desde la Ley de Partidos, era insostenible. Por eso Batasuna está donde está. Por eso precisamente no se le debe permitir presentarse ante la sociedad como partido político al tiempo que interlocutor de una banda terrorista.
Si ETA quisiera por todos los medios resolver este conflicto, cambiaría de interlocutor en pro de no complicar aún más las cosas. Si no lo hace puede ser por dos razones: que Batasuna y ETA sean la misma cosa, o que, simplemente, quien debería decirle que Batasuna no es válida (Zapatero y su gobierno) no lo ha hecho. Si ETA nombrara a otro interlocutor, estaríamos directamente hablando con la banda, que sin duda es la máxima expresión de lo ilegal, pero sabríamos con quién y porqué damos ese paso. Más allá de lo que opine en cuanto a si ETA, con esos comunicados donde declara sus intenciones, está haciendo todo lo posible y poniendo todas las cartas en la mesa para establecer un diálogo, hablar con ellos sería ir frente a frente, las dos partes, Gobierno y ETA, a buscar una solución al conflicto. De otro modo, estaríamos dando cancha a un partido ilegalizado, que no ha cedido un ápice en sus posturas, que está descaradamente echando un pulso a las instituciones, a los ciudadanos y a las normas, apoyándose en el terror, en la extorsión, en el odio y en la xenofobia como armas en retaguardia.
He oído por ahí, que una posibilidad sería legalizar a Batasuna. Estoy totalmente de acuerdo, pero sólo si cumple con las condiciones legalmente establecidas para ello. En ese caso, lo primero que debería hacer (aunque nos mientan) es declarar públicamente que condenan los asesinatos y todas las herramientas de “lucha” y de financiación ilegal usadas por la banda terrorista. Sólo en ese caso sería justificable y admisible sentarse con Batasuna como interlocutor de ETA.
Todos estamos sometidos a normas que con mayor o menor acierto nos hemos dado para ordenar nuestra convivencia. Si alguna de estas normas o leyes deja de cumplir adecuadamente la función reguladora para la que fue creada, deberá cambiarse bajo los protocolos establecidos. Incluso, si las circunstancias en un hecho determinado exigen de cambios de urgencia, que se prevean y ejecuten éstos, pero en ningún caso y bajo ningún concepto deben incumplirse las normas vigentes y de aplicación al hecho de que se trate. Nadie, incluidos los partidos político, con independencia de su poder mediático, económico, etc., puede saltarse las leyes y pretender a la vez ser interlocutor de nada. Debemos aplicar esta rigurosidad en la misma medida y con el mismo entusiasmo con el que debemos manifestar nuestra disconformidad con tal o cual norma, promoviendo su cambio y exigiendo que se cumplan lo plazos y condiciones establecidos para ello. En ocasiones, el escaso dinamismo y diligencia en los protocolos de cambio o adaptación de una norma, contribuye a la tendencia de no esperar al cambio y justificar lo injustificable, pero esto no debe ocurrir.
El fin no justifica los medios, porque al hacerlo se pierden los puntos de referencia y siempre habrá alguien que aproveche injustamente esa circunstancia, justificándose para ello en el precedente creado. Para cuando te das cuenta, ya has perdido en el debate la fuerza moral de exigir que se cumpla la norma, porque algo dentro de uno le indica que la norma ya ha sido incumplida. ¿Porqué antes sí y ahora no?
Hiroshima y Nagasaki
¿Justificas los medios?
Cuando al principio decía que lo que está haciendo el PSOE tiene unas consecuencias negativas muy importantes, me refería, más allá de los aspectos políticos del tema ETA, mesa de negociación sí o no, con Batasuna o sin ella, etc., al trasfondo de saltarse las reglas de juego, y a lo delicado que puede ser para el futuro dar por válido los medios en función de los fines.
El tema es delicado, incluso me atrevo a admitir que mis ideas sobre cuál sería la actuación más adecuada son difusas y confusas, me alegro de no ser yo la que tenga que arreglar el entuerto. Con respecto a dar una idea y parecer de un partido u otro me parece injusto, me refiero a la primera frase que escribes: a riesgo de parecer facha…qué pena, pero está la cosa tan polarizada que estamos hablando de política como quien habla de fútbol: o del Barca o del Madrid. No me extraña, es lo que los principales partidos de este país han generado en la ciudadanía con sus continuos “debates” repletos de faltas de respeto.
Sinceramente, creo que a veces el fin si justifica los medios, cualquier cosa es necesaria para terminar con las muertes tan cobardemente ejecutadas a las que nos tienen acostumbrados los etarras. Que hay que pagar un precio de alguna forma creo que no podemos evitarlo aunque fastidie profundamente, ellos tienen las armas y nosotros los pantalones bajados ante ellos, es la cruel realidad.
Por: Mare Cabrera el 11 julio, 2006
a las 11:30 am