A propósito de un artículo de opinión que leí en “Diario de Lanzarote“, www.diariodelanzarote.com, titulado “Identidades”, que pueden leer en el siguiente enlace, http://www.diariodelanzarote.com/opinion/2006/08/17082006-guadalupe_exposito.htm, envié un comentario indicando mi opinión sobre el tema tratado, y ahora se me ha ocurrido reproducirlo aquí, porque el asunto me interesa mucho y además es, sin duda, un tema de caliente actualidad en las Islas Canarias.
En el artículo en cuestión, la autora trata el tema de las identidades tocando de forma implícita los nacionalismos, las diferencias por raza, por credo, etc., y se decanta por considerar sin sentido los planteamientos diferenciadores, declarando que la especie humana es en esencia una. Ahora están muy de moda esas ideas de que todos somos iguales, -ciudadanos del mundo-, que no existen las diferencias entre humanos, que todos somos seres viviendo en un mismo planeta. Eso está muy bien y, como no podía ser de otro modo, suscribo ese pensamiento. Sin embargo, su oportunismo me parece demagógico, dadas las actuales circunstancias y la realidad que yo advierto. La idea deja de tener validez cuando se esgrime para acallar, o como arma arrojadiza y demagógica, a los ciudadanos que se manifiestan contra la inmigración, porque ellos no están en su inmensa mayoría contra el fenómeno en sí mismo sino que manifiestan su rechazo a las actuales formas y ritmos de entrada, es decir, están contra el tipo de inmigración incontrolada y desbordante, como es la que estamos sufriendo en nuestras Islas, y eso justamente es lo que están haciendo algunos estamentos de la sociedad, utilizar estos argumentos para ocultar sus verdaderas intenciones explotadoras. El Comentario con el que respondí al artículo es el que sigue. He introducido algunos cambios en expresiones y añadido algunas ideas, con el fin de completar mi forma de ver este asunto. Decía…
-Todo eso está muy bien y en parte lo suscribo porque en esencia, es cierto, somos iguales. No obstante, en todo lo demás, en el carácter, en la forma de enfocar la vida, en las relaciones, en las costumbres, en todas esas cosas que marcan la convivencia sí que se evidencian, al menos, ciertas diferencias que deben engranarse y pulirse por el bien de la propia convivencia y para hacerla sostenible y fructífera. No somos mejores, pero sí distintos. Y es aquí donde, a mi juicio, está la clave: debemos tener claro eso, que no somos mejores, ni tenemos más derechos que los que nos visitan, pero no por ello debemos renunciar a nuestras diferencias, a nuestros logros y virtudes. Hemos tenido la suerte de nacer en un entorno con unas condiciones muy favorables, es cierto, pero creo que tenemos derecho a preservar todo lo que estimemos bueno para que los que vengan detrás encuentren en parte esas mismas condiciones, y aquí incluyo a los propios inmigrantes y a sus futuras generaciones. Considerar que los inmigrantes que vienen son los culpables de todos nuestros males es sin duda una estupidez, pero querer regular las condiciones de recepción, integración y convivencia es una necesidad legítima y justa, tanto para los que están como para los que vienen, y no se nos puede tachar por ello de racistas, insolidarios o xenófobos. Lo interesante sería aprender de lo bueno de cada grupo y eliminar de nuestra singularidad y de la de ellos lo que perjudique las bases de nuestra estructura social. Eso no es fácil, pero la tarea se complica aún más con los ritmos de entrada que se están produciendo, y no me refiero a la llegada de pateras que, como sabemos, es sólo un ínfima parte de lo que llega, aunque, sin duda, supone la visión más desgarradora de este fenómeno. En este sentido, creo que los términos de tu artículo son demagógicos, porque si bien es cierto que somos iguales, el debate ahora mismo no está tanto en las esencias sino en lo cotidiano, en el día a día, en nuestra capacidad de absorción y asimilación con los actuales niveles de entrada, en el malvivir de muchos de los inmigrantes que han llegado, en sus derechos, en los hacinamientos en pisos, en las atenciones básicas, sanitarias , en el descontrol policial, en la sinvergüencería empresarial, que por un lado habla de solidaridad y al tiempo ejerce la peor de las explotaciones, haciéndolos trabajar como burros por cuatro perras y sin protecciones sociales, en el desbordamiento de nuestras infraestructuras…. Creo que la inmensa mayoría de los conejeros ya sabe que, en esencia, somos iguales, pero eso no resuelve ahora mismo el disparate y desorden social que estamos sufriendo, nosotros y ellos. La referencia conceptual que planteas es utilizada por muchos políticos y empresarios demagogos para cubrir su inaptitud, su pasividad e incapacidad para proponer soluciones imaginativas, para tapar, en definitiva, sus esenciales miserias humanas-.
La inmigración mundial se ha fundamentado en dar cobertura a colectivos de inmigrantes que llegaban a los “países desarrollados” para conformar una ciudadanía de segunda, con derechos de segunda, casas de segunda y servicios de segunda. En todas estas ciudades pueden verse, como muestra de lo que digo, los guetos y barrios completos donde se les ha hacinado y marginado, haciéndoles creer inicialmente que tenían una oportunidad, cuando en realidad los hemos convertido en los esclavos libres del siglo XX. -Cuando no puedes tener pan, el bizcocho sabe a gloria- Y con esas hemos ido manteniendo y camuflando un polvorín que ya está empezando a estallar. Sólo las comunidades que sean capaces de aceptar las diferencias, aprovechar las singularidades positivas de cada grupo y, conjuntamente, eliminar los elementos y factores de comportamiento propios y ajenos que enturbien la convivencia, podrán conformar un futuro de convivencia sostenible y enriquecedora para ambas partes. Este es en mi opinión uno de los retos más importantes de este nuevo siglo XXI que estamos iniciando. En la medida en la que no se corrijan los actuales diferenciales, el fenómeno de la inmigración es imparable, e incluso diría que completamente legítimo: todos aspiramos a una vida mejor.
En otro artículo que escribí, el DameAire 9, “DA9.- Mohamed y Mójate” tocaba este tema de la inmigración y planteaba alguno de estos temas, aunque en aquella ocasión me detenía con especial detalle en las contradicciones y paradojas de la realidad que directamente vivo, aquellas que pueden palparse en el día a día a poco que te detengas un minuto a mirar.
Sí, es cierto, somos en esencia iguales, pero el problema social que afrontamos no se va a resolver sólo con filosofía.


Sr. Fran:
Celebro leerle de nueva y en tan magnifíca reflexión sobre la identidad, también sobre sus absurdos.
No sabe cuanto ruego porque termine su proyecto y podamos contar alguna vez con sus opiniones, que no desmerecen.
Le debe un buen comentario a la memoria de su abuelo en “Con alma de habanero”, por la intrépida Mare Cabrera (¿Le suena de algo?), periodista revelación.
En fin… saludos
Rafa
Por: Rafael Fuentes el 21 Agosto, 2006
a las 4:33 pm
Probablemente el tema de “todos somos iguales” se forma como una excusa para alegar la necesidad del trato justo e igualitario que debe darse a todos los seres humanos. Por otra parte se trata de un lema sin trasfondo y bastante barato. En absoluto somos iguales, en absoluto tenemos que parecernos. Todo lo contrario. El término “diferencias” se vive con cierto estupor, porque nos recuerda épocas pasadas en las que éstas eran aún más escandalosas. Yo lo veo como un sinónimo de enriquecimiento y aceptación. Quizá porque mi visión se enlaza con ideas de integración e inclusión, las que tienen que primar con respecto a las personas discapacitadas.
El tema de la inmigración ilegal trae de cabeza a los políticos, que transmiten a los ciudadanos con sus inseguridades y llamadas de auxilio al gobierno central e incluso a la ONU el miedo que sienten por su propia ineptitud. Nuestra actitud es de rechazo o defensa hacia el extraño, al que no deberíamos juzgar como tal.Quizá lo que la autora del artículo mencionado pretende es describir un crisol de culturas diferentes para darnos cuenta de que todos nosotros somos fruto de las mezclas, por supuesto, las lecturas pueden ser variadas.
Estoy completamente deacuerdo con que la simple filosofía no va a terminar con esta problemática, la palabrería barata y demagógica tampoco.
A nuestros representantes el panorama se les está haciendo grande, y nosotros pagamos las consecuencias.
Por: Mare el 24 Agosto, 2006
a las 9:55 pm
Hola, gracias por visitarme. Aquí estoy.
Como bien dice Mare, somos el fruto de varias mezclas, un ejemplo entre tantos Argentina, que hace muchos años ha recibido a miles de españoles, italianos, franceses y rusos, y hoy muchos de nosotros llevamos la sangre de un inmigrante de aquella época. Puedo decirte poco sobre eso, pero lo que sé es que jamás se sintieron excluídos socialmente, jamás han sufrido la explotación masiva en los trabajos, fueron integrados a la sociedad de una manera muy solidaria. No existían grupos aislados de la sociedad y han sido muy bien recibidos por nuestro país. Aquí en Canadá no pasa lo mismo, muchos inmigrantes hoy viven un cierto tipo de explotación, muchos están excluídos, y los ciudadadnos dicen que son iguales a ellos pero es de la boca para afuera. Hay mucha discriminación aquí, pero tratan de no hacerla notar.
Por: Gab el 29 Agosto, 2006
a las 10:10 pm
Hola.
Todos somos iguales, y también somos distintos.
Soy igual y distinto a una persona de Gambia por ejemplo, como lo soy de mi vecino que ha nacido y ha vivido aqui siempre. Para mi ellos son personas, cuyo apellido siempre es, y utilizado de forma peyorativa, inmigrante. Conozco mucha gente que emigró de Canarias a venezuela, cuba y otros paises latinoamericanos, y la mayoría dicen “la emigración es muy dura”, con ese tono en el que te están dibujando una época llena de penurias, el emigrante viaja a otros paises porque en el suyo no tienen salida para el dia a dia, y en los casos mas extremos se mueren de hambre. La emigración a Venezuela fue dura porque te alejabas de la familia, de los amigos, pero no tanto por como le fue a la gente y los trataron, el otro dia vi un reportaje y hablaban los que llegaron en un barco casi sin alimentos y sin agua, y contaron como los ayudaba la gente, iban a sus casas y les traian comida y lo que tubieran.
Los que digan que los que vienen no trabajan me gustaría que los conociesen bien, trabajan duro, mandan dinero a sus familias, lloran por sus seres queridos, porque no están con ellos, y encima tragan con los desprecios de mucha gente prejuiciosa y llenas de miedos e ignorancias infundadas.
El mundo poco a poco irá tendiendo a preocuparse mas por las personas, ya sean finlandesas, guineanas, ecuatorianas o neozelandesas, que por las banderas, los himnos, las tradiciones absurdas, etc.
Respeto las opiniones de todo el mundo y no creo que Mare haya caido en la demagogía, solo le ha dado mas importancia al ser humano que a una hipotética pérdida de identidad, que como dice ella también, viene de una mezcla, que no ha enriquecido enormemente, dejemos que siga siendo así.
Escribes muy bien Mare, pero todavía me gusta mas el pensamiento que plasmas, sigue así. Un saludo de un conejero.
Por: Asociación de debate Maresía el 24 Noviembre, 2006
a las 5:40 pm