Pensando un poco, he llegado a la conclusión de que en el mundo hay tres clases de personas: las buenas, las malas y las que clavan sus uña en las manzanas de la frutería buscando las que estén a su gusto. Respecto a las primeras, no voy pronunciarme, entre otras cosas porque creo que, posiblemente, nadie es bueno ni malo eternamente, depende del momento y de sus circunstancias, de lo que le haya tocado vivir y de cómo haya sabido encajar sus experiencias vitales. Quiero hablar sobre los del tercer grupo y expresar por qué me repatean sus actitudes y sus formas de pasar por el mundo.
He utilizado el ejemplo de las manzanas porque creo que simboliza muy bien de quiénes estoy halando, pero sin duda podrían utilizarse otros ejemplos de actitudes reprochables que veo y que no comprendo: aparcar ocupando dos plazas de aparcamiento, dejar el carro de la compra sólo, en medio de un pasillo del supermercado, mientras estás buscando un producto por otra zona del establecimiento, colocar la lavadora rota en la acera, junto al carro de la basura, etc.
La sociedad que nos ha tocado vivir nos empuja y nos fuerza a desarrollar nuestra actividad diaria a un ritmo frenético. Unos mejor que otros lidian con esa ola y buscan sus huecos para desconectar y cargar pilas, pero no resulta sencillo para muchos conseguirlo. El espacio urbano y los modos en los que nos movemos a través de él, tampoco ayudan, pues resulta en muchas ocasiones desagradable y complejo. Así, es fácil descuidarse, cometer errores y ser por tanto, en determinadas momentos, incívico. Sin embargo, no nos lo debemos permitir.
Precisamente por todas estas dificultades, se hace aún más necesario adoptar actitudes que contribuyan a mejorar el espacio que habitamos y nuestras relaciones con los demás. Debemos entender que, consciente o inconscientemente, todo lo que recibimos en el día a día conforma nuestro estado de ánimo, y de él se alimenta en gran parte lo que hacemos y proyectamos.
Si vamos por ahí actuando como si sólo nosotros importásemos, cómo si sólo nuestros problemas fueran los reales, estaremos contribuyendo día a día a empeorar el espacio donde nos movemos y donde desarrollamos nuestras vidas. Hasta aquí, todo muy bien, no descubro nada, lo sé. Somos humanos y cometemos errores, pero… ¿no creen, sin embargo, que a éste tercer grupo de personas (incalificables, por más que las haya agrupado) al que me refiero, todo esto les da igual y a poco que te descuides te dirán que no les vayas con pamplinas y que… ¡sálvese quien pueda!? Yo, sí. Creo que del tipo de persona que clava la uña en una manzana y luego, sin ningún reparo, la deja en la cesta porque está demasiado carnosa para su gusto no se puede esperar nada. Este tipo de personas me descoloca, no las comprendo ni las disculpo, y son, sin lugar a dudas, las que hacen aún más difícil la vida en sociedad.

Yo tengo la impresión de que eres una chica. Por la forma de escribir y por lo despiadada que resultas a la hora de “meter la uña” en el comportamiento de los demás y luego dejarles ahí, como si ya no valiesen para nada. Luego, tengo que toparmelos, yo… en algún paso de peatones y cruzar su desesperada mirada de abandonados con la mía. Ayer llevaba tres kilómetros montando en bici por la costa y de pronto me di cuenta que mis pensamientos no me habían dejado ni un instante disfrutar del aire, del mar… o del pedaleo. Estaba no, mentalmente hundiendo mi uña en la vida, en la mía… y en la de los demás de una forma abyecta. ¿Sabes una cosa? Incluso esos que conducen contra sentido en una autopistas, cuando les detienes y les preguntas por que hacían eso… solo atinan a decir: ¿yo hacía eso? …”no soy consciente” (que es casi lo mismo que le recomendara decir su abogado)y es que es lamentablemente cierto que para poder mantenerte vivo cotidianamente debes alienarte y entonces, sucede lo que sucede: que hundes tu uña en la manzana, sin importarte si otro ha de comerse las bacterias y microbios que dejaste ahí. Sin acritud. EDU
Por: Eduardo el 4 Febrero, 2008
a las 1:37 am
Leyendo tus reflexiones me doy cuenta de que estamos en sintonía en cuanto al primer pensamiento que me viene a la cabeza cuando veo la uña en la manzana, el coche mal aparcado, la lavadora en la acera… Sin embargo, y gracias a gente como tu que gusta de crear este tipo de medios de comunicación, uno se queda pensando más allá de la primera impresión, del primer sentimiento, con el ánimo de contribuir a mantenerlo vivo. Y mas allá de ese primer sentimiento que, como el tuyo, es casi de desprecio hacia esas personas, voy notando que se calma mi ira en cuanto analizo las razones de ese comportamiento y pienso que, bajo mi constante y eterna certeza de que todo el mundo es bueno por naturaleza, no me cabe sino buscar razones para entenderlos. Y como muestra un botón: Hace unos dias me ocurrió lo que seguro alguna vez te ha ocurrido. Compré una bandeja de calabacines (pues no los había sueltos) y al llegar a casa descubro indignado que uno de ellos estaba podrido y puesto hacia abajo…Arrrgg!!! Reacción: La próxima vez que no hayan calabacines sueltos, rompo la bandeja y los eamino antes de llevármelos. Podrás plantearme que no compre más ahí y me vaya a otro super, pero lo siento, yo no puedo pasar media vida huyendo del mal mercader que no cuida a sus clientes. Simplemente voy a lo mio.
Pues bueno, ese tipo de gente que hunde su uña en la manzana ha tomado una reacción parecida a la mía, quizás más grave, pero semejante. Has pensado que quizás actúe contra el sistema y el poderoso mercader, para no sentirse estafado y no sólo pensando en si mismo? Yo si. De todas formas no estoy excusando su comportamiento, pero lo entiendo en parte. Y no siempre: lo de dejar la lavadora en medio de la acera o aparcar en dos aparcamientos sigo sin entenderlo.
Por: carlitos paiste el 11 Febrero, 2008
a las 9:27 pm